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domingo, 27 de octubre de 2013

Restos.

Restos de lo que la calle se llevó,
Ahora son polvo, invisibles,
Cuando alguna vez fueron gritos,
Que ahora son sordos, inaudibles.

Restos de lo que quedó en algún lugar,
Ahora son migas, recuerdos,
Cuando alguna vez fueron historias,
Que ahora son cuentos, inventos.

Restos de lo que tiene cada uno,
Ahora son sueños, reales,
Cuando alguna vez fueron ideas,
Que ahora son pedazos, verdades.

Restos de lo que hay en la realidad,
Ahora son puntos, tangibles,
Cuando alguna vez fueron promesas,
Que ahora son hechos, terribles.

Restos de lo que con el tiempo construí,
Ahora son miedos, ilógicos,
Cuando alguna vez fueron inspiración,
Que ahora son inventos inaudibles que alguna vez pudieron ser hechos terribles de pedazos de verdades que se transformaron en cuentos, inventos.

domingo, 20 de octubre de 2013

La niña Helga era una incógnita viviente. Nunca nadie entendió su rol en la sociedad y no había persona que conociera su pasado.
La niña Helga vagaba mucho por capital, pero no se sabía si tenía siquiera un hogar. Era un péndulo, caminaba como embobada y su mirada siempre parecía perdida, lejana.
La niña Helga oscilaba entre ser una mujer vagabunda y una chica huérfana. Podría tener tanto quince como veintiocho. Ella siempre decía que con los años el mundo se había vuelto un gran negocio sepultado donde los argentinos vivían del recuerdo. Decía que el tiempo es su pasado y su hospedaje, como buena patriota que era.
La niña Helga era un misterio el cual nadie nunca se animó a resolver. Es como esas cosas que uno ve en la calle y se siente un poco culpable por no intervenir, pero sabe que por mucho coraje que se arme sería inútil.
Un día, desapareció. Mucho tiempo (diez años) después nos enteramos de que no le gustaban las despedidas y se había ido con un libro que encontró en el tren a vagar y ser una incógnita por otro lugar donde pueda contar su historia.

lunes, 26 de agosto de 2013

Pensamiento instalado.

Mi lista consistía en tres simples pasos:
1. Ir hacia el acantilado.
2. Pensar.
3. Saltar.

Paso uno: ir al acantilado. Este fue el más fácil. Me levanté un domingo a las cuatro de la tarde y lo primero que hice fue buscar con qué tipo de ropa quería morirme. ¿Algo casual, como para que la gente piense que no lo planeé? ¿Algo formal y delicado para conservar mi femineidad hasta en mi último día? ¿Algún disfraz que represente quien yo siempre quise ser? ¿El uniforme del colegio? ¿Ropa interior para que saquen hipótesis de que me violaron? ¿Desnuda?
Decidí ponerme un vestido bonito y ya. Era invierno y hacía un frío de morirse. El vestido era muy de verano, pero siempre me gustó y es lo que a mi gusto mejor me queda. Me hacía ver simpática y fresca a pesar de la rígida y forzosa postura que iba a quedar tras romperme todos los huesos contra las piedras.
Habiéndome arreglado un poco (lo típico: lavarse la cara, los dientes, peinarse, pintarse, ponerse un perfume rico) salí de casa y caminé los veinte metros que me separaban de mi suplicio. Me senté en el borde del acantilado pensando en que probablemente me haya manchado el culo con tierra y moho que había en el suelo. Carajo.

Paso dos: pensar. ¿En qué podía pensar? ¿En qué suele pensar la gente cuando va a suicidarse? ¿En sí mismas? ¿En sus seres queridos? ¿En su vida contada mediante imágenes efímeras? ¿En nada?
Empecé a ver qué podía priorizar o no y me concentré en resumir todo lo que acababa de pensar pero basado en mí.
Pensé en mí. Pensé en cómo soy. Pensé en lo poco que me agrado y lo mucho que me detesto. Pensé en mi cuerpo y en lo desconforme que estoy con él. Pensé en mi inteligencia mediocre y en lo paupérrima que era mi imaginación. Pensé en que toda la vida quise hacer muchas cosas a la vez: cantar, bailar, tocar el piano, la guitarra, el saxofón, hacer yoga, ir al gimnasio, pintar, dibujar, publicar libros, modelar, viajar, aprender y conocer gente nueva constantemente. ¿Habría logrado todos esos propósitos? Lo dudo.
Pensé en las personas a las que desde chica se me enseñó que tengo que respetar y amar: mamá y papá. Mamá tan buena y papá tan alejado. Mamá tan cariñosa y papá tan frío. Mamá tan buena mamá y papá tan buen papá. Mamá y papá tan preocupados por mí siempre. Mamá y papá con amor. Mamá y papá tan yo.
Después pensé en ellas. El grupo que formé con el tiempo. Mis amigas. Tan lindas todas, tan lindas. Todas tan distintas entre sí. Tan lindas, tan distintas y tan buenas personas.
Pensé en él. Tan perfecto. Tan lindo y tan bueno. Tan único y tan mío. Sólo mío. Tan increíble. A él sí que lo voy a extrañar.
Se me ocurrió pensar en mi vida. Mi vida que de vivida tuvo apenas un cachito. Mi vida tan feliz y tan linda. Tan común y tan corriente. Tan mediocre. Tan plena y tan bonita. Mi vida cortita. Mi vida a la que tanta fe le puse. Tantas cosas quise hacer: aprender, viajar, amar.
Probablemente extrañe mis momentos de elocuencia mental como el que estoy teniendo en este momento.

Paso tres: saltar. El paso más difícil y decisivo. El paso que cambiaría todo. ¿Saltar o no saltar? Saltar. Ya estoy acá, hace tiempo vengo sopesando esta idea. Así quiero morirme, tirándome por un acantilado. Esta es la única decisión de la cual me arrepienta o no me arrepienta (cosa que nunca voy a poder lamentarme) nunca voy a saber sus consecuencias. Esta es la única acción por la que la gente va a decir que tengo los ovarios bien puestos. Esta es la única manera de frenar y terminar con mi mundo inestable de una vez por todas.
Me paré lentamente. Fui soltándome del suelo al que tan aferrada me quedé cuando estaba pensando y me limpié las manos con el vestido. Total ya me manché el culo con tierra. Por un segundo observé todo como si fuera una narradora en tercera persona y deseé haberle gritado a la chica que estaba por cometer el error más grande y cobarde de su vida: "¡pará, no saltes, te juro que te vas a arrepentir!". Pero ya era tarde.
Respiré hondo. Muy hondo. Me paré con los dos pies rozando la punta del acantilado y abrí los brazos extendiéndolos como si fuera la Virgen María o algo así. Qué sensación de libertad tan linda y tan única.
Cerré los ojos y lo que sospecho que fue una lágrima viajó rápidamente por mi cara.
Y salté.

martes, 20 de agosto de 2013

Verde.

Pienso quizás demasiado inocentemente que sería lindo que no existieran gobiernos ni países. Quizás así se eliminarían cosas como el poder enfermizo y la corrupción que empobrecen al mundo día a día. Sin gobernantes todo el mundo podría hacer lo que se le cante la gana y hasta formar bajo ese desorden un orden común pero sin jerarquías. No sé si será posible porque nunca nadie lo logró, siempre todo fue de arriba la minoría y de abajo la mayoría. En todas las etapas de historia que estudié en el colegio el único período en donde todo era increíblemente parejo y justo era en la época donde supuestamente los seres humanos no estaban desarrollados mentalmente y se manejaban por su instinto más que por su razonamiento. Ahora que estamos todos evolucionados (algunos más que otros...) y que supuestamente tenemos mayor capacidad para poder hacer un mundo bonito y feliz resulta que hacemos todo lo contrario. Es como si todas las oportunidades que se nos ofrecieran para ser mejores como mundo, no como país o como sociedad o como nación o como lo que sea, las desaprovecháramos o desgastáramos. Hasta me da la sensación de que cuando tenemos cosas lindas no nos importa porque las creemos eternas y una vez que se van hacemos de todo para recuperarlas (un ejemplo podría ser la libertad).
Para mí lo que sería lindo es que no haya divisiones no sólo sociales si no también territoriales. Que no hayan ciudades, países ni ningún otro límite que nos divida por algo tan estúpido (para mí) como el fanatismo nacionalista o el sentimiento de amor desmedido a algo tan simple como un pedazo de tierra que estamos pisando. Yo creo que no deberían existir símbolos patrios, no deberían existir elementos que nos distingan a cada nación, no debería existir nada que nos divida de otros seres humanos del planeta. Que sea todo de todos y no haya límites. Y que sepamos compartir eso que tenemos en vez de quererlo todo para nosotros.
Hasta pienso que la nacionalidad no la define el lugar donde nacés si no el lugar al que vos sentís que pertenecés. No la define un pedazo de tierra, el color de una bandera o si te sabés el himno nacional. Hasta pienso que la nacionalidad es algo estúpido que no debería existir.
No sé que me pasa pero quería compartir mi momento jipi inocente y pensamiento de nena de nueve años con ustedes ya que esta es la única vez que logro hacerme entender respecto a esta idea que tengo.
*Qué le pintaba*

lunes, 19 de agosto de 2013


Me amplié como nadie y me desheché como ninguna. Me perseguí a gran escala e hice oda a mi paranoia. Conseguí lo que quería y detesté a quién no me lo dio. Me entristecí por boludeces y me alegré de estar viva. Me morí con el cuerpo vivo y reviví con el alma renovada. Me busqué, me encontré, me amé y me detesté. Me entendí y me comprendí. Me hallé.

Escribí.

Me detuve un minuto a pensar cosas y escribí. Escribí sobre todo.
Escribí sobre lo que pasó, lo que está pasando y lo que va a pasar. Escribí sobre lo posible y lo imposible. Escribí sobre lo inaudito, lo tabú, lo prohibido, lo inhumano, lo desechado, lo innombrable. Escribí sobre lo lindo, lo dulce, lo delicado, lo aceptado, lo recomendado. Escribí cosas con forma, con prosa, con ritmo, con olores, con sabores, con música, con tacto y hasta con sentimientos. Escribí cosas legales e ilegales. Escribí con movimiento e inmóvil. Escribí parada y sentada. Escribí amando, odiando, extrañando, anhelando, deseando, detestando, olvidando, pensando. Escribí lo deseado, lo pensado, lo supuesto. Escribí lo sucio, lo sádico, lo animal, lo primitivo. Escribí los cuerpos, los sentidos, los pensamientos y las miradas. Escribí las bocas, las curvas, las proporciones y las desproporciones. Escribí los números, las letras, los símbolos. Escribí lo concreto y lo abstracto. Escribí personas. Escribí recuerdos, memorias, sueños. Escribí con imaginación y sin nada de inspiración. Escribí placeres, dolores, sensaciones y canciones. Escribí amor y escribí olvido. Escribí sinceramente, mintiendo, amablemente y con rechazo. Escribí números de teléfonos, facebooks, direcciones, nombres de canciones y autores. Escribí cuentos, poemas, novelas, reflexiones. Escribí concentrada y pensando en nada. Escribí insultando y halagando. Escribí seca y mojada. Escribí con sol, con lluvia, con niebla, de noche y de día. Escribí tranquila y apurada. Escribí en mi casa y viajando. Escribí en cinco minutos y en tres horas. Escribí riendo y llorando. Consciente e inconsciente. Escribí sola y acompañada. Escribí tics, tocs, problemas y síndromes. Escribí con miedo y en paz. Escribí libre, suelta, desatada. Escribí presionada, juzgada y amenazada. Escribí regalos y tarjetas de cumpleaños. Escribí lo indescriptible, lo invisible, lo intocable. Escribí harta, cansada, enérgica y apagada.
Pero nunca dejé de escribir.

martes, 30 de julio de 2013

Opinión sobre el aborto.

"Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. Si no, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se vuelve —lo cual ya ocurre— no más que una madriguera de conejos. Una madriguera no libre sino constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.
Sólo aquellas personas que están 100% convencidas de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. Si no es el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante.
En el aborto la persona que es vulnerada física y moralmente es la mujer. También para cualquier hombre con conciencia cada aborto es dilema moral que deja una marca, pero ciertamente aquí el destino de una mujer se encuentra en una situación desproporcionada de desigualdad con el hombre, que cada hombre debería morderse la lengua tres veces antes de hablar de estas cosas. Justo en el momento en que intentamos hacer menos bárbara una situación en la cual la mujer está verdaderamente aterrada, un intelectual usa su autoridad para que esa mujer permanezca en este infierno. Déjame decirte que eres verdaderamente responsable, por decir lo mínimo. Yo no me burlaría tanto de las “medidas de higiene profiláctica”, ciertamente nunca te has sometido a rasgarte el vientre. Pero me encantaría ver tu cara si te forzaran a una operación en la mugre y sin los recursos que hay en los hospitales.
Lamento que tal divergencia de opiniones en estas cuestiones éticas básicas haya interrumpido nuestra amistad."

Yo estoy a favor del aborto, por si a alguien le interesa.

domingo, 28 de julio de 2013

"Todo En Familia" Brian Warner.

Él esperaba que la grabadora aún funcionara. Era una de esas portátiles usadas a menudo en escuelas y bibliotecas. Teddy ni siquiera se dio cuenta de la ironía de su acción –Angie era de hecho quien se la había comprado. Limpió el cabello y la sangre del borde y soltó un suspiro de frustración. “Mamá seguramente me dejará sin ver televisión,” pensó, mirando el desastre que había hecho. 
“Maldita sea. Malditas sean todas. ¿Por qué tenía que lastimar a Peg? ¿Por qué?” Tristemente, pateó el cadáver junto a él. Sus ojos fijos lo miraron con vacía fascinación. “Perra. Mataste a Peg.” 
La mirada muerta de su hermana no respondió. (Él se preguntaba por qué.) Su cara se veía tan sombría. Levantó la cabeza de ella por los cabellos y vio que era sangre seca sobre su mejilla lo que creaba la falsa sombra. Vio, también, que el agujero en su cráneo había dejado de sangrar; la sangre coagulada había formado una costra gelatinosa. 
Mamá llegaría pronto a casa. Tenía que cavar una tumba. 
Teddy se puso de pie y caminó a su cuarto donde yacía desinflado el cuerpo plástico de Peg. Sobre su pecho sin sangre se encontraba un cuchillo de cocina y ella miraba el techo con su eterna expresión –con la boca en forma de “O”. Se veía como si fuera a gritar. 
Levantó la cabeza de la muñeca y miró tristemente la plana superficie de su figura sin aire. Abrazando su cabeza, comenzó a llorar –cada lágrima contenía mil deseos de traerla de vuelta. Estaba feliz de que Angie hubiera muerto –merecía cada golpe. Mientras Teddy acariciaba su cabello artificial notó la humedad proveniente de su hermana que yacía a varios pies de distancia. Sabía que era orina –había oído su vejiga soltarse cuando le dio el último golpe mortal. La había golpeado una vez mas por si acaso –ella había matado a Peg. Él tenía todo el derecho. 
Cuidadosamente, dejó la cabeza de Peg descansar sobre la alfombra. Agachándose, besó su mejilla y limpió algo pegajoso de su labio de plástico. Mamá le había dicho antes que no tocara a Peg y que no hiciera lo sucio en su boca, pero no pudo evitarlo. La amaba demasiado como para sólo dejarla ser. Si mamá averiguaba que había hecho lo sucio se llevaría a Peg, como antes –tendría que encontrarla también. 
Cuando Teddy regresó al cuerpo de Angie se detuvo por un momento para maravillarse ante su desnudez. Él siempre la había visto vestirse desde el closet, pero nunca había visto su cosa de cerca. Estaba fascinado por la maraña de cabello entre sus piernas –Peg no tenía eso. Cautelosamente tocó su muslo, y retiró su mano rápidamente como si su carne estuviera al rojo vivo. Aunque no lo estaba. De hecho, estaba comenzando a enfriarse. Habían pasado cuatro horas. 
“Te odio,” informó a los ojos del cadáver. 
De nuevo tocó su muslo, pero esta vez no retiró la mano. Gentilmente, deslizó las puntas de sus dedos por su cadera hasta su entrepierna. Con la otra mano, separó sus rígidas piernas. Entre ellas había un charco de orina del tamaño de un panecillo. Tocó sus genitales curiosamente. Era mucho más suave que Peg, y esperen –aunque su cuerpo estaba frío y pálido, estaba tibia por dentro. Se estaba excitando con su macabra divinidad sexual. 
Tenía que parar –Mamá se molestaría si él hacía lo sucio. Ella odiaba lo sucio; Papá lo había averiguado de la manera difícil. Lo único que le gustaba era coser y ver Family Feud. Ella amaba a ese tal Richard Dawson. 
Pero ella estaba tan vulnerable, tan quieta. La piel de Peg era dura y cerosa por dentro –la había tenido por diez años (cuando tenía dieciocho años la ordenó de una revista sucia). Angie solo tenía cinco años entonces, ahora se había convertido en una hermosa joven. No la odiaba tanto en realidad pero no debió haber matado a Peg. Él sólo estaba viéndola ducharse. No era nada nuevo. Pero ella le habría dicho a Mamá, Mamá no soportaría ese tipo de suciedad en su casa. Por eso tuvo que esconder a Peg en primer lugar. Mamá era tan chapada a la antigua; tenía muchas cosas que esconder de ella. 
Fue a la cochera, tomó una pala y comenzó a cavar en el jardín. Debía terminar antes que ella llegara. 
El suelo era suave, y no tomó mas de media hora para hacer la tumba. 
El tiempo era precioso así que entró y limpio. Tomó una toalla y fue al cuarto de Angie. Tomándola por ambos brazos, la arrastró hacia atrás unos cuantos pies –el charco había humedecido la alfombra, dejando una mancha oscura. La limpió cuidadosamente y tiró la toalla dentro del closet. 
Mientras la arrastraba por la sala, tuvo una idea. Era la mejor idea que jamás había tenido. Si a Mamá le gustara lo sucio, estaría orgullosa de su idea. 
Soltó los brazos de Angie y regresó a su cuarto. Le dolió ver el cuerpo gastado de Peg; la herida en su pecho parecía mas grande y dolorosa. Pero ella era vieja, pensó. Tal vez fue mejor que muriera. 
Teddy arrancó el cuchillo y cargó el torso plástico de la muñeca a través de la cocina y hasta el jardín. “Lo siento, Peg,” le dijo a su cara pintada. No la enterraría así nada mas –primero quería probar su idea. Si funcionaba, entonces la cubriría. 
Ya casi no había tiempo, tendría que apurarse. De regreso en el cuarto de su hermana, se quitó los jeans y se arrodilló junto al cadáver. El olor de la muerte era picante y nauseabundo, pero la vida era demasiado escalofriante para él. Era mas bien un observador. Pero era demasiado tarde para observar y ella estaría perfecta. Podría esconderla. Igual que a Peg. 
Mientras Teddy montaba a su hermana en un torpe e incestuoso acto de necrofilia, el auto de su madre se estacionó en la entrada. Vio a través de la sucia ventanilla las putrefactas bolsas de basura apiladas entre las hierbas cerca del pórtico. Ese maldito Teddy. Igual a su padre. 
Con tan sólo cuatro embestidas dentro de ella, Teddy terminó vergonzosamente, se quedo ahí dentro por unos momentos –le gustaba el pegajoso agarre de su carne. Estaba apenado, pero le gustaba lo sucio demasiado. ¿Por qué Mamá no podía entender sus necesidades? 
“¿Teddy, no te dije que sacaras la basura?” Aulló en cuanto se abrió la puerta delantera, chocando contra la pared. Un catálogo de castigos embriagó su mente mientras cruzaba la sala. 
Teddy se petrificó. ¿Cómo iba a explicar esto a su madre? Tendría que esconder a Angie; si mamá veía lo que- 
“Teddy.” 
Mientras Mamá entraba al salón, el la miró desde su desgraciada posición. 
Ella se paró junto a él, antigua y poderosa desde este ángulo. Su bastón aparecía ante él como un tronco. 
El miedo congelado de Teddy se derritió y de un salto cubrió sus partes intimas, escondiéndolas de Mamá. 
“¿Teddy, acaso no te dije que sacaras la basura?” 
“¿Qué?” estaba confundido por su pregunta fuera de lugar, su vacía maternidad. 
“Oh, olvídalo.” Picó el cuerpo de Angie con su bastón por simple curiosidad. “Ponte los calzoncillos.” 
“Mamá, no fue mi culpa, ella mató-“ cerró su boca rápidamente -Mamá no podía saber sobre Peg. Ella odiaba a Peg. 
“¿Está muerta, verdad?” 
“Mamá, yo no quería matarla.” Eso era mentira. 
“Estabas viéndola de nuevo,” dijo Mamá. 
“No Mamá. Yo nunca la vi. Juro que no.” 
“Si lo hiciste. Ella me decía” 
“No, Mamá.” Esa perra, había hablado. Deseó poder matarla de nuevo; sufrió demasiado poco. 
“Te dije que no hicieras lo sucio. Y ahora te atrapo haciéndolo con tu hermana. ¿Qué puedo hacer con un muchacho tan irrespetuoso?” 
Su retórica lo asustó. ¿Que tal si se llevaba la televisión? ¿Qué tal si lo hacía tomar esas píldoras de nuevo –como las llamaba? ¿Saltpepper? Aunque podía arreglar eso. Era bueno escondiéndolas bajo su lengua para tirarlas después por la ventana. 
Aunque Teddy era mas alto que Mamá, ella lo abrumaba con su presencia. Ella caminó hacia Angie y levantó su bastón. Era varicosa en su elegancia. 
“Los chicos malos deben ser castigados. Así es como se mantiene una familia unida.” 
Acertadamente, y con sorprendente fuerza, le golpeó la cabeza hasta que se colapso, lacio y denigrado sobre la alfombra. 
* * * 
Cuando Teddy despertó, se estremeció por el dolor punzante en sus párpados –no podía abrirlos sin importar que tan fuerte lo intentara. Sobre su entrepierna desnuda sintió la fría seguridad del cuerpo de Peg, y bajo él la tierra firme. Maldita Mamá y su costura. Tocó sus párpados y sabía que encontraría las pequeñas costuras bloqueando su visión. 
“Teddy,” gritó ella desde arriba. “Has sido un mal chico. Aunque ya nunca más volverás a ver a Angie, ya me encargué de eso. Eres igual que tu padre. También tuve que darle una lección.” 
Oyó un raspón sobre la tierra e imploró perdón. “Mamá, por favor, yo no quería ver. Lo siento. Por favor, Mamá -“ 
Un palada de tierra aterrizó sobre su rostro, cubriendo su nariz y boca; sus brazos estaban demasiado apretados dentro de la tumba para protestar. 
“Debo mantener unida a la familia.” 
Mamá continuó llenando la tumba mientras Teddy luchaba por liberarse; quería escupir pero su boca llena de tierra le prohibía tal acción. Arriba, Mamá balbuceaba sobre disciplina y el castigo de Teddy terminó en ahogamiento mientras sus ojos dejaban escapar lágrimas de sangre.
 

Mi droga.


Esto que está acá es tan lindo. Esto que persiste y se queda para siempre. Mi droga.

La droga que me consume, que es capaz de apagarme y encenderme de un momento para otro. La droga que me pone de mil humores y que provoca en mí el estado ciclotímico más revoltoso posible. La droga que me enceguece y me hace ver todo en paz. Todo lindo. Todo feliz.

La droga que me altera y me hace querer arrancarme el pelo. Me hace bajar mil revoluciones y pensar todo veinte veces.

Mi droga. La droga que no se consigue en ningún lado y que las personas que la obtienen la consumen de forma diferente. Yo aprendo.

Es muy difícil manejar todo lo que esta droga provoca. Yo estoy aprendiendo. Aprendo, me equivoco, me enojo, lloro. Pero aprendo. Y me hace feliz eso. Y aprendo a controlar sus efectos que apenas empecé a consumirla eran tan abrumadores y diferentes que no sabía ni que sentir.

Pasaron casi diez meses desde que la uso. Consumo personal, nadie me la puede sacar. Me hice drogadicta. No puedo dejarla y no quiero dejarla.  No voy a dejarla, por nada ni nadie.

La poseo y es sólo mía. No dejo que nadie más la toque, siquiera la comparto para consumirla. Me hace tan feliz y me llena tanto que no soy capaz de repartirle ningún exceso de felicidad a nadie. La felicidad me desborda desde que la consumo. Tengo sobredosis constantes. Pero esos derroches, esas gotas que se caen, se renuevan.

No son gotas que se caen y se pierden. Se caen, pero tal como la lluvia cuando cae por su propio peso de las nubes y forma mares, lagos, se renueva. Está en un ciclo eterno. Se recicla.

A muchos drogadictos les cuesta porque lo niegan o les duele aceptar que lo son. Pero yo no. Yo lo acepto feliz, y hasta digo que jamás en el mundo dejaría de consumir mi droga. Porque me hace tan feliz, una felicidad tan plena, tan pura que nadie ni nada más puede causarme, que nunca la dejaría. Nunca la dejaría.

martes, 23 de julio de 2013

Otros.

Solemos fijarnos en tantas pequeñeces todo el tiempo que me enferma. Durante el día pasan cosas que pueden amargarnos o alegrarnos, pero son todas tan insignificantes. Por qué le damos la importancia que no tienen? Por qué no vemos más allá de eso y nos concentramos en lo que verdaderamente importa? No voy a ejemplificar porque a cada uno le pasan cosas distintas en su vida y cada uno se amarga la vida a su manera, pero es como si en el fondo fuésemos masoquistas y nos gustara agravar cosas que no tienen importancia, es como si realmente cuando tenemos todo lo que queremos o necesitamos lo rechazáramos sentimentalmente haciendo esto de fijarnos en idioteces.
Yo estoy aprendiendo a priorizar lo que realmente vale. Hagan eso. Hagamos eso todos.
Dejen de preocuparse por cosas menores y concéntrense en lo que verdaderamente les nutre el alma, lo que les hace bien, lo que los hace felices. Busquen eso, luchen por eso. Dejen de ser imbéciles. Dejemos de ser imbéciles todos.
Esto va a sonar a libro de autoayuda de Claudio María Dominguez, pero deberíamos tener más presente que tenemos una vida sola. Una adolescencia sola. Sé que es imposible pero deberíamos tratar todos de ser personas más objetivas. El positivismo tiene un poder de enceguecer a la realidad tremendo, al igual que el negativismo. Yo sólo digo que miren las cosas desde otro punto de vista o se pongan en los zapatos de otras personas a la hora de enojarse por cosas bobas, o a la hora de pensar y replantearse las cosas.
Si ustedes realmente creen que alguien los va a ayudar a cambiar esto están mal. Todo pasa por uno, por la mente de uno, y por muchas influencias exteriores que uno pueda recibir, la respuesta final está afectada por una sola persona: vos.
A la vida no le importa quién seas o cómo seas. Pasa de todas formas. Ahora, por qué no ser un poco inteligentes y astutos y aprovechar esto? por qué no intentar mejorar?
Por eso es que todo el mundo que intenta hacerse el revolucionario habla sobre que el mundo está enojado y ellos son diferentes. Porque la realidad es que nosotros fuimos construyendo esa ideología barata y de plástico en la cual el mundo es amargado pero hay pequeños destellos diferenciales que nadie nota, que son los que hacen que valga la pena vivir. No es así. El mundo no es tan triste y horrendo como toda la gente piensa. Vivir no es algo tan insoportable como todos plantean.
Si el mundo está como está es porque todos nosotros nos vemos sumidos en la mediocridad de la comodidad, de no querer evolucionar o cambiar, de que las cosas están así y están mal pero bueh, qué se le va a hacer. Si el mundo está como está es por tú culpa.

viernes, 19 de julio de 2013

No es eterna. Carajo, no es eterna.
No es para siempre, no va a durar mucho.
Es mejor que la aproveches mientras está, porque no sabe cuánto tiempo más va a estar.
Por qué no pudiste entenderlo? Por qué tuviste que desaprovechar todo? Por qué tuviste que ser tan idiota?
Jamás vas a entender la oportunidad que acabás de perder. La perdiste.
La perdiste para siempre.

jueves, 18 de julio de 2013

Sweet dreams.


Me hice a conciencia propia
A semejanza de mí cuerpo
En orgullo de mi personalidad que no es una copia
En defensa de lo que pienso.

Me creé porque soy retazos de todo
Pedacitos del mundo que encontré por ahí
Me formé porque quería ser a mi modo
Capricho de querer existir porque sí.

Mi cuerpo es mío y de mi confianza
De mi egoísmo y mis placeres
Mi cuerpo se entrega pero no avanza
Espera a ver quién le miente.

Conformo todo lo que aprendí, acepté y me gustó
Me muestro al mundo como una pequeña amenaza (a la que no hay que ponerle atención)
Promuevo lo que en mí el viento dejó.

Me perpetuo como alguien que pasó desapercibido
Que no dejó marca en el mundo y a nadie importó
Pero yo estoy feliz de ser mía y no hacer mucho ruido
No vaya a ser que ahora me note quien jamás me pensó.

Porque soy eternamente única y en mi egoísmo me comparto
Porque presto mi cuerpo en forma de sonrisas y abrazos
Porque soy el espejo de un impacto
Porque a modo de escudo me disfrazo.

Existo y me gusta estar consciente de eso
Me gusta estar consciente en todo momento
Me gusta vivir mi realidad y sentirla en mis huesos
No soy cobarde y acepto los retos.

miércoles, 10 de julio de 2013

El Pulso de Los Muertos - Julia Otxoa

El pulso de los muertos
retumba insoportable
en los armarios
 
ya no sabemos donde guardar
nuestra comida hecha de relámpagos
 
Abrazados en llanto
el menor de los pájaros
es más fuerte que nosotros.

viernes, 5 de julio de 2013

Estar con Gabo.

Estar con Gabo es tan lindo que el sólo pronunciarlo hace bien. Estar con Gabo es amor. Es darle amor. Amor, cariño y atención. Estar con Gabo es estar para siempre, sin importar lo que pase. Estar con Gabo es entregarse completamente. Estar con Gabo significa entender. Estar con Gabo son los momentos lindos, los momentos malos, los momentos tiernos y los momentos tristes. Estar con Gabo es confianza. Es aprender a quererse a una misma y empezar a encontrarse virtudes físicas y mentales. Estar con Gabo es perfecto. Es conocer y aprender. Y elegir. Estar con Gabo es cuidarlo, preocuparse, que te importe. Estar con Gabo es amor.

domingo, 30 de junio de 2013

Una fábula.

"Había una vez una chica que vivía en una linda y pequeña cabaña hecha de pan de jengibres y dulces. Siempre dormía. Un día despertó (un día despertó) y el dulce tenía una marca. Su padre le mandó un beso y la casa se cayó. Se dio cuenta que estaba perdida. Se encontró caminando por una calle atestada de gente. Pero las personas eran de papel. Como muñecos de papel. Les mandó un beso de despedida y vio como todos volaban".

No tiene sentido, pero es mejor que no tenga sentido. Te hace sentir. Te hace preguntarte. Te despierta.

"Él me quita la ropa como un hombre hambriento pelaría una naranja. Sus labios prueban mi jugosa dulzura. Mis piernas tiemblan con las suyas. Nos convertimos en un solo ser. Un horno ardiente en el frío cemento del sótano del amor".

Hormonas. ¿Que haríamos sin ellas?

Si estos chicos no tienen miedo de poner sus corazones en las páginas, ¿por qué deberíamos tener miedo de ellos?

Mi hija tiene pensamientos, ¿sabe? y cuestionamientos, o sea... ¿no es sobre lo que esto se trata?

Yo escapé, salí de la prisión por mis propias manos y mucha gente quería castigarme por ello.  Mi lucha por la libertad es mía. Conseguite la tuya antes de que sea muy tarde. Salí de esa fábrica de control mental, de ese almacén en el que te metieron, porque no saben que más hacer con vos.

Dejá que las paredes de tu casa de jengibre caigan.

martes, 25 de junio de 2013

Confesiones de un psicópata.


Sin empezar el relato, ya pueden imaginarme como un perdedor del montón que lo único que quiere es vivir. En mi familia ocupé el papel de la oveja negra. A mi vieja le preocupaban mis tatuajes que según yo son obras de arte, a mi viejo le molestaba que de siete días de la semana esté solo dos en casa porque siempre salía, y es que bueno, todo era mejor que el clima insoportable de familia perfecta que había que respirar ahí. En mi caso, me tocó irme por la puerta de atrás y no quiero que eso vuelva a pasar.

Uno no debe quejarse por lo que tiene ni desear lo que no tiene. Ese es el gran problema del hombre. Vivimos deseando tener cosas, queriendo cada vez más, adentrándonos poco a poco en la jungla salvaje que es el capitalismo y estando sedientos de poder.

Luego del adiós, del punto final que le puse a mi etapa de vivir en familia, me emancipé. Quería transitar nuevos caminos, vivir nuevas experiencias, y lamentablemente en el seno de la familia Ingalls no lo tenía permitido. Por más raro que suene, me fui muy contento y espero que las cosas en mi familia sigan tal como hasta ahora. Que ellos vivan en su mediocridad, yo ya me liberé.

Pasaron dos años.

Cometí muchos crímenes y estoy arrepentido.  

“El primer crimen se produjo el domingo a la madrugada, a metros de un boliche bailable llamado Infinity Night, en Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario. Claudio “Pájaro” Cantero, el líder de “Los Monos” –una banda afincada en la zona sur de Rosario dedicada a la comercialización de drogas- fue asesinado allí y esto desató una cadena de ataques y venganzas.”

Esto se leía en el diario del lunes. Estaba desayunando tostadas y admirando lo mal que salió Pajarito en la foto que le sacaron. Pobre, era buen tipo. Estábamos juntos en la secundaria, pero después se metió en temas jodidos. La merca lo dejó dado vuelta, ya no era el mismo de antes, opinábamos todos sus amigos.

También estuve metido en cuatro crímenes narco.

“Encontraron armas, 40 kilos de marihuana y 15 de cocaína disimulada en muestras de perfume gratis”.

Estas noticias que tienen que ver conmigo las tengo recortadas y pegadas en la pared de mi habitación, así como un futbolista tiene sus trofeos puestos con orgullo.

En los diarios hablaban de mí seguido. Acá encontré otra noticia:
“Un hombre fue detenido tras cuatro allanamientos realizados por Gendarmería en Santiago del Estero, y quedó acusado de ser el encargado de una “cocina” de droga, que era distribuida en otras provincias. “

Realmente me portaba muy mal.

“Hallaron 11 bolsos con cocaína, 20 panes de marihuana, envases de perfumes y 44.000 pesos”.

En mi adolescencia encontré a una mujer. Mi vieja me presentó a una hermana no reconocida que vivía en su casa, mejor dicho, en mi cuarto. Me enamoré de ella y estuvimos años juntos. La perdí, pero el destino hizo que años después la volviera a encontrar. Ella tenía familia, y yo seguía igual de destruido.

“Perdoname, violé a tu hija”.

Ella me odió después de eso.

“El que le había enviado el SMS de la brutal confesión era nada menos que su hermano, de 24 años, que luego de la violación escapó y anoche seguía prófugo”.

También maté a mi hermano. Fue la mejor manera de festejar mi cumpleaños.

¿Tan mal estuvo todo lo que hice?

Hay una débil conexión entre la persona que era y la que soy ahora. Estoy escuchando las sirenas de la policía y ya por las ventanas veo las luces azules y rojas que despertarían un ataque de convulsiones en un epiléptico. Ya me resigné, qué se yo. Estuvo piola meterme en tantas cosas, aunque no era lo que tenía planeado. Yo quería ser pintor, ¿saben? Quería que mis obras estén expuestas en todos los museos del mundo. El Museo del Prado, el Louvre, el de Bellas Artes, el del Cairo, el Británico, etcétera. Quería ser reconocido por mi forma de expresarme.

Pero me tocó ser reconocido por mis errores.

domingo, 23 de junio de 2013


Muntogüers (continuación).


Eran las diez y media de la noche y sentía un vacío enorme en el pecho, de esos que te sofocan y te hace creer que hasta la más ínfima boludez es de pronto una tragedia, como cuando estás llegando a la parada de tu bondi, ves pasar a uno en tu cara y sentís que la vida se ríe de vos o como cuando a tu vieja se le ocurre la magnífica idea de gritarte todos los errores que cometiste a lo largo de toda tu vida en la calle, en plena avenida. Lo peor de este sentimiento era que si bien se iba y venía, era constante. Cuando no estaba a flor de piel y era notorio, estaba escondido, pero no desaparecía del todo. No era algo que uno podía hablar con cualquiera. “Siento que me pesa el corazón y que me voy a morir pero no sé por qué”. No, no tenía sentido.

No había lugar en mi casa que me trajera un poco de paz así que decidí salir del edificio a caminar y tomar un poco de aire fresco. Mamá no estaba en casa porque se había ido a cenar a lo de su novio. No creía que fuera a volver hoy.

Me senté en el rellano de la escalera y apoyé mi cabeza en mis piernas. Preferí no caminar, no estaba de ánimo. Cerré los ojos por un buen rato y dejé que la brisa que pasaba me rozara la cara.

Después de un rato de estar así una voz me sacó de mis pensamientos.
-          Flaca, ¿estás bien? – levanté la cabeza.
Una chica más o menos de mi edad, flaquita y pequeña de huesos, de rasgos muy delicados que sostenía una caja de cartón me estaba mirando. Tenía el pelo teñido de color bordó y unos enormes ojos grises.
-          Sí, ¿por qué?
-          Eh… nada, es que pasé y te vi toda acurrucada y pensé que estabas llorando o algo.
-          Ah, no. Estoy bien. – Sonreí un poco. Ni muy exagerado, para que pareciera que estaba diciendo la verdad, ni muy débil, para que pareciera que estaba diciendo la verdad.

-          Mía. – Vaya forma tan automática de presentarse.
-          Luna.
-          ¿Qué hacés tan tarde por acá?
-          Vivo acá, en este edificio. Salí a… despejarme un poco.
-          Ah, entiendo. – Se sentó al lado mío sin que yo le diera mi permiso. – Yo tengo que llevar esta caja acá a la vuelta, tiene una máquina de escribir del año del pedo que mi abuela acaba de vender, ¿sabés? Un garrón. Pesa mucho.
Yo no te pregunté qué tenías que hacer o a dónde tenías que ir.
-          Yo quisiera tener una máquina de escribir. – Le dije.
-          No quisieras, creeme. – Sí quiero, tarada. – es una paja el hecho de que cuando tocás las teclas se van muy para adentro y tenés que ser muy delicada porque hacen un ruido tremendo. Además son incomodísimas para llevar a donde sea.
-          Igual, me parece mucho más poética la idea la idea de escribir cosas en una máquina de escribir, como si ese momento estuviera enfrascado en una cápsula del tiempo de otra época. Me haría sentir que estoy en otro mundo.
-          En tu mundo, flaca. En tu mundo.
Me llamo Luna, no flaca. Detesto que la gente llame así a las personas cuando no conocen o no recuerdan sus nombres. “Flaca, amiga, chabona”… Suena tan despectivo.
-          Eh, loca, ¿me acompañás a llevar la caja?
Buah.
-          Me llamo Luna.
-          Perdoná, tengo mala memoria. Luna, ¿me acompañás?
-          Dale. – La verdad es que ya me caíste mal, pero bueno, no tengo nada mejor que hacer.

Caminamos en silencio. Mejor dicho, yo caminé en silencio, porque ella se la pasó hablando de millones de cosas. Que cuánta fiaca le daba estudiar, que por qué su vieja era tan mala, que su grupo de amigos la aburría porque se sentía intelectualmente superior, en fin. Hicimos dos cuadras y llegamos a una casa de madera con la pintura gastada. Mía tocó la puerta y un chico con un pijama, todo despeinado y con unos anteojos estilo John Lennon nos abrió. Al verla sonrió.
-          Esperame acá. Entro a dejarle esto en la mesa y listo.
Le hice caso a mi nueva conocida aunque no tenía la menor gana de esperarla. A los cinco minutos salió contando billetes y sonriendo, triunfante.
-          Luna, ¿no querés ir a tomar algo? Yo invito.
-          Nah. Me tengo que ir.
-          Bueno, pásame tu celu.
¿Qué te hizo creer que iba a pasártelo? Ni te conozco.
-          Dale. – Ella me dio su brazo y una lapicera que sacó del bolsillo del jean y yo se lo anoté.
-          Alguno de estos días te mando un mensaje para que nos volvamos a ver. Me caíste bien, chab… Luna.
Noté como se corrigió y le sonreí. Fue una sonrisa sincera.
-          Vos a mí también, Mía.
Me caíste como el culo.

Lista de cosas que a Luna le llaman la atención:

-          La ropa vintage.

-          Las galerías.

-          Los objetos viejos y raros.

-          Las personas cultas.

-          Las casas de estilo gótico y barroco.

-          Los objetos peculiares como juguetes de otra época o cosas que suelen venderse en ferias.

-          Las miradas profundas e indescifrables.

-          Las personas detallistas.

-          Las personas que poseen buen vocabulario.

-          Las personas.

sábado, 15 de junio de 2013

Hurt - Johnny Cash

Me lastimé a mi misma hoy,
para averiguar si todavía sentía algo.

Me centré en el dolor,
la única cosa que es real.

La aguja hizo un agujero,
el viejo y conocido pinchazo.

Intenté matarlo,
pero siempre lo recuerdo todo.

¿En qué me convertí?

Mi dulce amigo,
todo el mundo al que conozco se va al final,
y podrías haberlo tenido todo.

Mi imperio de basura.

Te voy a defraudar,
te voy a lastimar.

Llevo esta corona de espinas,
sobre mi trono de mentirosa,
lleno de pensamientos rotos,
que no puedo arreglar.

Bajo las manchas del tiempo,
los sentimientos desaparecen.

Sos otra persona más,
y yo todavía sigo acá.

¿En qué me convertí?

Mi dulce amigo,
todo el mundo al que conozco se va al final,
y podrías haberlo tenido todo.

Mi imperio de basura.

Te voy a defraudar,
te voy a lastimar.

Si pudiera volver a empezar,
a un millón de millas lejos de acá,
me cuidaría más,
encontraría la manera de hacerlo.