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domingo, 27 de octubre de 2013

Restos.

Restos de lo que la calle se llevó,
Ahora son polvo, invisibles,
Cuando alguna vez fueron gritos,
Que ahora son sordos, inaudibles.

Restos de lo que quedó en algún lugar,
Ahora son migas, recuerdos,
Cuando alguna vez fueron historias,
Que ahora son cuentos, inventos.

Restos de lo que tiene cada uno,
Ahora son sueños, reales,
Cuando alguna vez fueron ideas,
Que ahora son pedazos, verdades.

Restos de lo que hay en la realidad,
Ahora son puntos, tangibles,
Cuando alguna vez fueron promesas,
Que ahora son hechos, terribles.

Restos de lo que con el tiempo construí,
Ahora son miedos, ilógicos,
Cuando alguna vez fueron inspiración,
Que ahora son inventos inaudibles que alguna vez pudieron ser hechos terribles de pedazos de verdades que se transformaron en cuentos, inventos.

domingo, 20 de octubre de 2013

La niña Helga era una incógnita viviente. Nunca nadie entendió su rol en la sociedad y no había persona que conociera su pasado.
La niña Helga vagaba mucho por capital, pero no se sabía si tenía siquiera un hogar. Era un péndulo, caminaba como embobada y su mirada siempre parecía perdida, lejana.
La niña Helga oscilaba entre ser una mujer vagabunda y una chica huérfana. Podría tener tanto quince como veintiocho. Ella siempre decía que con los años el mundo se había vuelto un gran negocio sepultado donde los argentinos vivían del recuerdo. Decía que el tiempo es su pasado y su hospedaje, como buena patriota que era.
La niña Helga era un misterio el cual nadie nunca se animó a resolver. Es como esas cosas que uno ve en la calle y se siente un poco culpable por no intervenir, pero sabe que por mucho coraje que se arme sería inútil.
Un día, desapareció. Mucho tiempo (diez años) después nos enteramos de que no le gustaban las despedidas y se había ido con un libro que encontró en el tren a vagar y ser una incógnita por otro lugar donde pueda contar su historia.