Estar sola conlleva a pensar que todo lo que puedo hacer para entretenerme se va a volver, tarde o temprano, aburrido. Las opciones se van agotando a medida que uso cada una de ellas con la esperanza de que en cierto momento se conviertan en mi pasatiempo predilecto, a tal punto de haber olvidado la sensación de estarme aburriendo y no saber qué hacer. Pero, no. Todas sucumben a ese mediocre lugar en mi mente donde las entierro por un tiempo (llámese letargo donde apago mi cabeza) para jugar a que las re descubro en otro momento. Todas las cosas que me gustan se mantienen vivas en mí porque las olvido y las vuelvo a encontrar. Sino, me aburren.
Significa la lucha diaria entre la tristeza y la creatividad que ocurre en mi cabeza. Quiero hacer algo pero no sé qué, pienso, termino no haciendo nada, me entristezco por la angostura mental que es mi pensar y me olvido. Y así es el mismo casette repitiéndose todos los días.
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