Cuando los hilos se van deshilachando por el tiempo es cada
vez más difícil sostenerse. Cuando ya están gastados al punto en que son
piolines los que te maniobran, cuando tus costuras se abren apenas alguien las
agarra, es cada vez más difícil sostenerse.
Imagino a las personas como muñecos de trapo emparchados por
todos lados. Son frágiles y olvidables, pero, sobre todo, a medida que pasa el
tiempo necesitan ser reparados para no romperse. Necesitan los refuerzos.
Los muñecos de trapo no tienen vida, por lo que necesitan de
los demás para sostenerse. Necesitan significar, existir en algún otro relleno
que no sea el suyo. Si no, son dejados en un rincón polvoriento de una casa mal
decorada.
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