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domingo, 14 de abril de 2013

Trust.

Me escondo en mi escudo protector el cual me resguarda de los males de la esencia humana. Lo natural abrió paso a lo artificial, tomando esto último como lo primero. Lo clásico y lo moderno se complotaron para discriminar a lo primitivo, que, a fin de cuentas, es el origen de estos. Me aferré a mis orígenes provocando la más pura, sincera y vomitiva verborragia emocional existente.
Perece la singularidad de lo que alguna vez estuvo vivo. La locura se racionaliza con tal de exprimir la más mínima gota de originalidad que uno tiene. Lo abstracto se concreta dando paso a la lógica de lo incomprendido. Lo armónico y "lo bonito" se deforman. Lo creado duplica a la copia. La normalidad de lo trágico nos envuelve haciéndolo cotidiano. La plenitud de lo finito es interminable. La falsedad que encarna la honestidad nos hace hipócritas. Lo corrupto se establece como objetivo e inquebrantable. La sociedad en vez de integrar, desintegra. Lo impoluto se ensucia de mentiras. Todo esto es el devenir de lo pasado. 

martes, 2 de abril de 2013

Furor.

Empiezo a moverme rápido sin saber que en realidad estoy corriendo. Hace poco empecé acá y no entiendo mucho del mundo. Tanteo insegura y concentrada qué tan difíciles van a ser las cosas. De acuerdo a eso, paro acá o sigo. Todavía no tengo nada formado ni concretado, no sé donde estoy.

Corro y me hago de paz. Mis pasos resuenan atronadores, y nerviosos, cual persona que está atenta al menor ruido a la espera de que pase algo, sabiendo consciente o inconscientemente y no por eso siendo inocente, que no todo está anticipado o por escrito. Finjo no sin creer que la honestidad es un invento, que mis promesas frágiles como un ser al que acaban de corromper, son verdaderas. Espero y no por esperar me refiero a querer paciente o impacientemente estar a la espera de, que las cosas fortuita o casualmente se solucionen. Sin embargo, necesito y no dejo de pedir un poquito de aceptación.

Mis pasos, antes calmos y relajados, se volvieron de fuego. Rápidos, impulsivos y furiosos. No ven con claridad, no piensan con racionalidad, sólo se dejan llevar. Presumo que la llama que me consume sólo es producto de mi espontaneidad y mi deseo de rebelión. No por muchos aires de bohemia que me de  mi realidad va a ser distinta. Me ilusioné con presumir no sin ser modesta y arrogante la cantidad de personas que habitan en mi vida.

Se volvieron de plomo. Pasos agónicos, pesados y cansados. No quiero caminar más. Son como un grito prolongado, como un llanto silencioso, como una duda surgiendo en la mente de alguien. Tristes y no por eso débiles. Calculo y calculando no necesariamente proceso la distancia en que me tomará llegar a mi fin. Final, finito. Finito y no por eso melancólico.  Inundo sin marchitar por completo mi cabeza con dudas atemorizantes sobre por qué soy, siendo, yo. Y no otro. U otra. O algo. O esto. O aquello.

Concluyo dando por entendido que mis pasos, que alguna vez fueron dudosos, luego se confiaron, luego le agarraron la mano y por último se cansaron, son la evolución de la vida de todo ser humano consciente y no por eso aceptado de su existencia.