"Jamás odié a nadie. Yo no odio." No sé si da empezar así un texto para el taller, queda muy categórico y conciso y si hay algo que me caracteriza a mí a la hora de escribir es mi abstractibilidad (dícese de la palabra inventada por mí derivada de "abstracto". Cualidad de ser abstracto).
"A mí lo que me pasa es que acumulo mucha bronca y cuando la largo se me van en cada palabra envenenada esos feos sentimientos, hasta que me limpio y quedo aliviada. El problema es que lo lleno de mierda al otro, pero bueno, hasta ahora nunca supe equilibrar mucho el asunto.
Decía que nunca odié a nadie así que es la primera vez que puedo anunciar un "te odio" sincero.
Y a raíz de esto, estoy pensando que el odio y el amor son los únicos sentimientos más intensos que alguna vez sentí. Y no son sentimientos aislados: no por algo son los más pasionales. Porque están intimamente relacionados, porque odiar tiene una constancia y una pasión y una fuerza tan grandes como el amor. No porque "del amor al odio hay un sólo paso" ni porque "para odiar hay que amar primero". No sé si es tan así. Pero sí me parece que casi que son los mismos sentimientos pero con distinto nombre. Uno vendría a ser el optimista extremo, y el otro el negativo empedernido."
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Ayer escribí, después de contar que nunca supe equilibrar mucho cómo descargarme sin llenarlo de mi mierda al otro, un párrafo describiendo cuánto odiaba a una persona que amé. Sí, bueno, estaba enojada, estaba dolida, debe ser por eso que ya no lo veo así. ¿Te puedo odiar? me parece medio exagerado. Por momentos soy la jipi feliz que piensa en cosas buenas y te desea amor y felicidad, y por otros momentos soy la resentida mala leche que quiere que te mates.
Será porque estos sentimientos se relacionan, será porque te amo, será porque te odio, será porque te amo y te odio; la cuestión es que sos y siempre vas a ser mi fantástico desestabilizador.
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martes, 29 de abril de 2014
jueves, 24 de abril de 2014
El problema no fue que nunca me hayas hecho una carta. El
problema fue que nunca te enamoraste de mí tanto como para escribirme una
carta.
Yo escribo todo el tiempo, por eso te hacía miles de cartas,
porque mi mejor manera de demostrarte amor era por la escritura, porque es lo
que mejor me sale. Vos en cambio eras
más bruto, menos poético, no sé, pero nunca me hiciste una carta.
El problema no era la carta, el problema era el significado
de la carta. No te sientas tan especial, porque escribir para mí es algo de
todos los días, entonces hacerte cartas para mí era algo normal. La diferencia es
que mis cartas para vos eran más sinceras que todas las giladas que escribo.
Vos en cambio nunca me diste una, nunca pude ver tu faceta como escritor, nunca
pode emocionarme por una carta o un poema tuyo, nunca me encontré leyendo y
analizando tu letra, riéndome de cuando tachabas alguna falta de ortografía o
tratando de descifrar que había escrito debajo de esa mancha de tinta. Nunca
toqué el papel y pensé “acá estuvo su mano. Él pensó estas palabras”. Nunca
supe si escribías con lapicera o con pluma, con lápiz, si preferías lapicera
azul o negra, si te manejabas en cursiva o en imprenta, si tenías una letra
jeroglífica o era prolija. Nunca sentí que me quisieras con esa intimidad como
para hacerme una carta, tomarte ese tiempo, hacerla solo para mí y para nadie
más.
Quizás si me hubieras hecho una carta alguna vez, hubiéramos
superado cualquier cosa.
lunes, 7 de abril de 2014
Estas, noches tan deprimentes donde llueve a cántaros y hay rayos y truenos que hacen temblar mi ventana, son noches en las que me gustaría que estés conmigo. Que simplemente estés y podamos escuchar todos estos ruidos juntos en silencio y a oscuras, a medio dormir, pero estando despiertos. Y entonces vos me abraces y nos quedemos pensando en cosas, nos colguemos, sin hablar, porque no hay necesidad de hablar, no hay nada que decir y si dijéramos algo arruinaríamos y desmereceríamos el espectáculo de afuera que desde mi ventana no se puede ver pero sí se escucha.
Entonces nos daríamos cuenta que un "te amo" no se expresa diciéndolo, sino simplemente viéndonos a nosotros y viendo lo tranquilos que estamos el uno con el otro y lo mucho que estamos disfrutando (acá vos te quedás medio dormido, roncás un poquito y yo te despierto porque no quiero que te pierdas esto, porque te vas a dormir y la escena va a ser sólo para mi, pero yo quiero compartirla con vos).
Vos con mucho sueño tratás de quedarte despierto hasta que nos quedamos dormidos los dos.
Y esa es mi manera de decirte que te amo.
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