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jueves, 26 de febrero de 2015

Medidas de distancia

Se necesita ser como usted, señor.

Se requiere un transplante de espíritu, una incisión en la carne de su alma.

Se precisa, señor, un recordatorio insistente de que todo esto es real y usted está acá.

Se pide, si es tan amable, que done sus pertenencias, sus miedos y sus peripecias, a causa del terremoto desatado en su cabeza.

Se quiere su excesiva participación en causas perdidas y recientemente encontradas, causas disfrazadas con la madurez adecuada pero entreviendo su original y soñador motivo.

Donde están los demás de su especie? 

Se impera su presencia en el vaciado de su sangre transitiva y revolucionaria, para luego ser guardada y nunca más retornada.

Se le sugiere que baile.

Baile señor, muévase un poco y cierre los ojos, la intervención está siendo llevada a cabo exitosamente.

Se procura aspirar el brillo en su mirada para luego ser depositado en su maletín de cuero.

Señor, por último, ¡sonría, lo estamos filmando!

...

¿Señor?

Papá

Yo me acuerdo cuando no había dolor, cuando la sonrisa era una sonrisa, cuando la risa era realmente inocente, cuando sentía que estaba en una plenitud imaginaria.
Me acuerdo también como un día me rompieron el corazón, cuando me lo lastimaron de verdad como si fuera un vaso de cristal arrojado desde un rascacielos, cuando la sonrisa se convirtió en algo codiciado, en un hecho utópico.
Me acuerdo como me caí tras el estruendo desconcertante de una puerta al cerrarse, un ruido que es tan fuerte que tu cuerpo queda inmóvil. Inexperto se refugia en recuerdos, se trata de mantener de parado. Inútilmente no lo logra porque no sabe en la transición en la que se encuentra, pero siempre muy perseverante se quiere levantar muy rápido.
Entonces yo me situaba ahí, era el piso, y yo. Era el delirio contra mi razón y aún más, era no verte.
No sólo no verte, era no sentirte.
Era no escucharte la voz.
Ahogada en miseria, se podía apreciar la voluntad, las ganas de caminar un poco más. Ahí fue el instante donde pude acariciar lo eterno, pude sentir bailar mi alma, una energía en el pecho que me hizo brotar en vida.
Entonces me paré, tambaleante, no sabía como dar el primer paso. Me daba miedo, no entendía qué hacer.
Después de estar de pie, me daba miedo estar abrumada en un sosiego infinito a la altura de todos mis miedos.
No sólo me pude mantener sobre mi propio eje, sino que pude sentir como mi esencia trataba de congeniar con la tuya. Pero eso para mí era una señal que trataba de llevarme por un camino de paz, por un camino que intentaba guiarme a un lugar donde sólo los dos sabemos que todo es para siempre.
Porque vos realmente nunca te fuiste, vos vivís adentro mío.
Y mientras me acuerde de tu voz, yo sonrío.

Camila Biagosch

martes, 24 de febrero de 2015

Lo divertido es que seguramente esté mal
y predeciblemente vayamos a donde yo nos destiné
que sea un desafío constante de probar mis límites
no saber qué va a pasar, cuánto vamos a durar, qué va a ser de nosotros

Lo divertido es haberle tomado el gustito de verdad
saber que en cualquier momento del día siempre te dedico una sonrisa (o varias)
y estar escribiendo sobre vos
porque te amo