Se requiere un transplante de espíritu, una incisión en la carne de su alma.
Se precisa, señor, un recordatorio insistente de que todo esto es real y usted está acá.
Se pide, si es tan amable, que done sus pertenencias, sus miedos y sus peripecias, a causa del terremoto desatado en su cabeza.
Se quiere su excesiva participación en causas perdidas y recientemente encontradas, causas disfrazadas con la madurez adecuada pero entreviendo su original y soñador motivo.
Donde están los demás de su especie?
Se impera su presencia en el vaciado de su sangre transitiva y revolucionaria, para luego ser guardada y nunca más retornada.
Se le sugiere que baile.
Baile señor, muévase un poco y cierre los ojos, la intervención está siendo llevada a cabo exitosamente.
Se procura aspirar el brillo en su mirada para luego ser depositado en su maletín de cuero.
Señor, por último, ¡sonría, lo estamos filmando!
...
¿Señor?