Hay humo. Cigarrillos
se desprenden de abrigos vintage. Hay música. Una voz aguda me recuerda a
Cerati, y la batería me rompe los tímpanos. Hay amigos. Personas que no conozco
pero que no dejan de hablarle a Adrián. Hay snobs. Multitud de gente que juzga
al cantante por la ropa que tiene puesta. Hay oscuridad. Paredes negras que
sofocan el sótano ante la falta de ventanas.
Hay algo que empieza
a subir.
Ay, Adrián. No
podés dejar de mirar la banda tocando. Ay, boludo. Estás tan concentrado en las
manos del tecladista que no te das cuenta. Ay, la música me aturde pero hago un
esfuerzo mental para bajar el volumen. Ay, fijate. Mis manos transpiran y un
leve puchero se asoma. Ay, me pesa. Tengo una burbuja invisible cuya presión me
agobia y me pide salir.
Ay(uda).
Ahí, donde los
sentidos me dominan y se distorsionan. Ahí, donde la gente se hace lejana y
sólo importo yo. Ahí, donde la burbuja imaginaria me separa del resto. Ahí me
encuentro, sentada en el baño para calmarme. Ahí te veo los pies detrás de la
puerta, esperando. Ahí, donde mi respiración agitada aturde tu tranquilidad. Ahí,
nuestra diferencia más notoria.
-Ahí voy, gordo.
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