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lunes, 30 de diciembre de 2013

Lindas sensaciones.

Sentir que sos invencible
Pisar hojas secas en otoño

Tener un escalofrío
Y cuando me acarician 

Acurrucarte contra alguien porque hace frío
Sentir que esa noche podía pasar algo

Alejarte de todo lo que es cotidiano
Para olvidar

Escuchar hablar a alguien de algo que vos conocés
Tomar chocolate caliente en invierno

Verte después de mucho tiempo y sonreír
Porque nos entendemos muy bien

Conocer en algo y hacerlo íntimo
Sentir un perfume rico 

Letras grandes.

Creo que fueron momentos efímeros y tan lindos
Usamos cada palabra para acercarnos
Conocimos la versión más linda que había en nosotros

Hay muchas cosas que no puedo entender
Urgente fue nuestra necesidad de aferrarnos
Busqué en vos todo lo que me faltaba a mí

Una, dos, muchas caricias
Lamento que hayamos tenido que terminar así
Universo que construimos para nosotros dos

Te prometí que siempre me ibas a tener
En cualquier situación, incluso las que me superaban
Qué pensás? Que sentís? Nos conocemos otra vez?

Utópica fantasía donde somos lo que fuimos
Intenté buscar el motivo por el cual justo fuiste vos
Encontrando que ninguna otra persona podría encajar mejor

Reencontrémonos en el futuro.
O en los sueños.

¿Indecisión o no?

Son las cinco y diez de la madrugada.
Y yo
me doy cuenta
de todo.

Porque siento cosas
vacías
y lo realmente importante
nadie lo quiere.

Entonces me tengo que ir
a otro mundo
a poder
respirar.

Me recibo solitaria
porque ya te resignaste
a mí.

Si querés saber
buscame
ahí
donde estás vos.

martes, 24 de diciembre de 2013

"El uróboros simboliza el esfuerzo eterno, la lucha eterna, o el esfuerzo inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo."

domingo, 22 de diciembre de 2013

Propongo que hagamos una hoguera de recuerdos.
Todo lo que vimos, lo que sentimos, las cosas y personas por las que nos interesamos y sumergimos.
Todo aquello que ahora ya es basura o simplemente un mal trago. O un mal recuerdo, una mala pasada.
Vamos a hacer una hoguera en mi terraza. Yo voy a quemar una remera firmada de mi colegio anterior, que por cierto es un colegio de mierda con gente de mierda. También voy a quemar recuerdos, personas y algún que otro sentimiento por alguien indebido.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Reckoner

Todavía no encontré la armonía perfecta, pero les aseguro que no se van a decepcionar. Mientras existan las noches y yo tenga un poco de luz para imaginar, el arpa nunca va a dejar de sonar. Mientras tenga dudas en mi cabeza y un poco de inquietud que me mueva, nunca me voy a declarar ignorante. Por más lejos que corra, no voy a alardear sobre la distancia, sino sobre lo difícil que fue.

Aunque las chances
no sean las que uno quisiera tener
si vos me dejás volar un poco
el arpa nunca va a dejar de sonar.

Y yo
tampoco.

Cuando en Brasil dejen de tocar esa bossa nova que tanto me gusta yo te voy a cantar. Porque no me interesa que me conozcas, pero sí que me escuches. No podría pedir nada más que pasar una noche adentro del auto mirando como todo se mueve mientras yo me quedo acá. Y mientras el sonido va ascendiendo y creciendo y se va formando una orquesta, una oleada cada vez más poderosa de pensamientos, yo te miro cruzar la calle.

Porque soy esa persona que no te importa
Que a veces te preguntás que pensará
Pero que no le interesa que la conozcas
Sino que la escuches.

Y así
conocerme.

Arco.

Cuando comienza a sonar él ya no siente lo mismo que antes. Cuando las cosas eran perfectas y pálidas, como recuerdos borrosos, él se sentía feliz. Ahora todo lo que creció y floreció está marchito, como ya su pequeño roto corazón. Y no llueve, está todo seco, entonces él ya no entiende. Y todo gira vertiginosamente para un extremo u otro pero nunca nada queda equilibrado en la añorada paz que él sentía en su vida de imágenes polaroid. Y para, y para, pero nunca se detiene por completo. Llega el tren, pero él no sabe si tomárselo porque no cree estar seguro de poder dejar todo atrás. Todo eso, tan lindo, tan completo y tan descuidadamente armado. Es como un vívido sueño que le quedó pegado en la memoria, pero él asegura que fueron cosas reales, que sucedieron pero paulatinamente el pálido rosa de su voz se va destiñendo más y más en su memoria, y la palidez de aquella tarde que compartieron juntos se torna borrosa como una leve neblina que acompaña sus pensamientos, y la palidez de cuando el silencio ya se les tornó cómodo a causa de tanta confianza se está esfumando. Compás, compás, dos por cuatro. Lo empiezan a aplaudir por cosas que no hizo. Sonrisas que nunca arrancó, promesas que nunca cumplió, acordes que nunca aprendió, silencios que nunca rompió, y por sobre todo: sentimientos que nunca expresó. Chas, chas, chas. El Ministerio de las Cosas está ahí presente para adular y apremiar la inocencia que todavía había en su alma, cosa que en esos tiempos ya toda la gente había perdido. Move, move, move.


Pulir.

Me encuentro hecha un embrollo de todo que si lo desarmás resulta descomponerse en nada. Mucho nudo, mucha fortaleza, pero si sos capaz de atravesar cada capa te vas a encontrar con lo inesperado: nada.
Quizás es divertido lo difícil que es poder atravesarme, pero si te dejo podés llegarme muy fácil al corazón. El problema quizás recae en eso. Quizás no debería dejar que nadie me llegue al corazón para que mientras se estén entreteniendo intentando desarmar el tejido, yo pueda crear más capas para así entretenerlos más y más, hasta que sea un juego de nunca acabar.
O el problema puede ser que en realidad no debería haber problema en que alguien pueda llegarme al corazón. Después de todo, ¿qué tiene de raro? ¿de complicado? Bueno, ya de por sí yo soy una persona muy complicada y por ende mi corazón más todavía. Pero, ¿por qué todo el tiempo tratamos de hacer trampas y nudos y capas para que nadie sea capaz de tocarlo realmente y pueda llegar, con esfuerzo, claro está, a lo que nunca nadie pudo ver?
En mi caso, y bastante vergüenza me da escribir sobre algo personal tan abiertamente, yo tengo miedo. Lo golpearon tanto que tengo miedo. Actualmente estoy rearmándolo, poco a poco, y cuesta muchísimo. Pero voy a lograrlo porque en el fondo, bien en el fondo, me quiero.
Pero, ¿qué pasa cuando el otro es quien nos abre el corazón tan simplemente y sin más a nosotros? Alguna trampa tiene que haber, no puede ser que la persona sea tan confiada, tan simple. Y sí. Quizás es la inocencia, o quizás es la experiencia. Quizás superaron el miedo o quizás todavía no lo conocieron (o mejor aún: nunca lo tuvieron).
Realmente admiro a quien se da conocer fácilmente y no encuentra nada malo en demostrar quién es. Y también admiro a quien en este momento es capaz de contestar "muy bien" cuando el preguntan como está.

jueves, 19 de diciembre de 2013

A veces es necesario dejar ir.
Y pensar, y desconocer y sufrir.
A veces el bien ajeno importa más que el propio.
A veces tiene que ser así.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cartas (otra vez).

Hola cuchi:
Me encontré que tenés el corazón lleno, repleto. No lo contengas, dejalo que rebalse, nunca el amor es demasiado.
Amá con todo lo que tenés, con el alma, con el cuerpo, con el cerebro, con la pasión.
Disfrutalo! Saborealo! De eso se trata la vida.
Preocupate sólo por dar, vas a ver que sin pedir vas a recibir.
Te amo.

Ramiro.

Ramiro fue a afanarse unos mangos a la depiladora barata y poco eficiente que había enfrente de la casa tomada donde él vivía. Un amigo suyo le enseñó el lugar y lo dejó irse a vivir ahí con la condición de que él iba a dormir en la bañadera.
El problema era que la minita con la que estaba saliendo trabajaba ahí, en la depiladora, pero por suerte hoy se había tomado el día. Ramiro lo pensó mejor y decidió entrar tranquilamente, y no como siempre, gritando. Decidió hacerse pasar por un cliente, un nadador que iba a depilarse las piernas. ¿Cómo se le ocurrió eso? porque la minita siempre le contaba de pibes que iban ahí y si bien Ramiro fingía que le importaba algo le había quedado. "Todo sea para que la Lucy no me deje".
Entró y lo hicieron esperar. A los cinco minutos una chica de origen asiático le indicó que pasara a un cuartito. Corrió la cortina y le dijo a la japonesa que estaba preparando la cera que mañana tenía un torneo de natación y necesitaba que le depile las piernas. Estaban en un cubículo donde había una camilla y unos estantes donde estaban las cosas de depilación.
-¿Pierna entera o media pierna?- No entendió. Le respondió "toda la pierna".
La china se dio media vuelta y agarró un palito de madera, como los palitos de helado de agua. Lo metió en algo que era como una lata plateada y el palito salió con un líquido todo pegajoso que parecía miel. A Ramiro le dio un poco de asco.
La taiwanesa le pasó el palito en la pierna cuyo líquido espeso le hizo hervir la sangre y agarró un papel blanco que parecía una servilleta. Se lo pegó en la pierna, donde había pasado la miel hirviendo, y tiró rápidamente. Ramiro le gritó "¡hija de puta!" y le pateó la cara en un acto reflejo que no pudo controlar. Se volvió loco y le importó nada la Lucy.
Empezó a gritar y a hacer movimientos nerviosos y agresivos. Movía las manos para todos lados, golpeaba y tiraba al piso todo lo que veía. Las clientas que estaban esperando a ser atendidas se quedaron paralizadas pero ninguna atinó a moverse. Ramiro salió corriendo y volvió a la casa. Después de un rato se dio cuenta de dos cosas: al final no había robado nada, y el cacho de pierna depilada que tenía lo hacía parecer alto gay.

Cartas.

Una carta tiene el olor íntimo de los pensamientos que la tocaron.
Tiene un sabor antiguo a algo extinto.
Se oye como un objeto profundo.

Te llega en forma de sonrisa
pensar que alguien se tomó el tiempo de escribirte algo a vos.
Huele a manos que te la hicieron
y ahora están en las tuyas.

Es un intercambio de sentimientos.
Representa todas las miradas cómplices
caricias
narices frías que abrigar
palabras lindas que escuchar
besos suaves que dar
que alguna vez vivieron.

Una carta inmortaliza momentos y sentimientos
llevándolos de frescos a quietos.
Tiene impregnada la escencia de su escritor.

Hace ruido en la mente
las palabras golpean la vista para penetrar los ojos
y navegar más allá
en el imaginario privado que se ve sensiblemente indefenso.